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jueves, 25 de junio de 2009

Neverland

"Con un poco de polvillo de estrellas de Campanita, el barco flotó en el aire y navegó por el cielo nocturno de regreso a Nunca Jamás. Miré con atención. Sabía que había visto ese barco antes...hacía mucho tiempo, cuando yo también era una niña"


Estaba viendo la CNN, con una copa de vino blanco y unos quesos. Los jueves por la noche siempre tengo un rato para estar a solas y no puedo negar que lo disfruto.
Hoy fue un día raro. Para mí, tan retro, es como si hubiera vuelto a perder buena parte de mi niñez.
Se fue la mujer a la que soñaba con parecerme aún cuando lo más lógico para una niña morocha y rechoncha hubiera sido tomar por modelo a Sabrina. Pero claro que aquellos rulos rubios, la sonrisa perfecta y el bronceado eterno de esa Marilyn de los setenta que fue Farrah Fawcett eran mucho más inspiradores que el lacio serio de Kate Jackson.
Una vez más, como dice Pancho Ibáñez, "todo tiene que ver con todo": el mismo día en que la precursora de Baywatch dejaba este mundo sin poder decirle Sí al amor de su vida, otro Jackson, no ya un ángel, sino el mismísimo Rey del Pop, seguía su propia certain call.
Y entonces Michael Jackson partió por fin hacia la Tierra de Nunca Jamás, donde nadie nunca tenía que crecer. Quién sabe, ya en el aire se cruzó con una inesperada Campanita y le pidió que volara con él...



viernes, 22 de mayo de 2009

Mirinda not dead

Cuando tenía 4 años mi mamá me regaló una tijera de plástico de esas que tenían un lado de cada color y el filo pegado detrás del borde para no lastimar. La mía era naranja y blanca. Es como si pudiera verla en el quiosco de la esquina del colegio, como si volviera a sentir el orgullo de tener mi primera tijerita propia.
A la tarde jugué con mis muñecas a la peluquería. Y cuando se me acabó el pelo de las rubias la emprendí con el mío. La señora que me cuidaba me preguntó varias veces: "Mirinda, ¿qué estás haciendo?".
Parece que yo simplemente le contestaba: "Recortando".
En la peluquería de verdad, la de las japonesas de enfrente, se decidieron a raparme tipo varón.
Durante un año fui por la calle teniendo que aclararle a la gente: "Soy nena. ¿No ve que tengo aritos?"

martes, 9 de diciembre de 2008

Requiem para mis Harlem

Maradona a la selección, Willy capitán de la Davis...Los nevados, item top de la nueva colección de Paula, la sillas de mi abuela por un fangote en La Mersa, el new fititou.

Gosh! Definitivamente 2009 también será un año retro.

¡Cuánta razón tenía al enojarme con la vieja cuando me tiró las Harlem lilas! Y cuánto faltará para que alguien las reedite y -apertura de local fashion palermitano mediante- las devuelva al podio de las zapatillas de todos los tiempos y a mi botinero, de donde nunca debieron haber salido.

martes, 25 de noviembre de 2008

Frankly, my dear, I don't give a damn...

Volví a ver Lo que el viento se llevó. La última vez fue en VHS: dos cassettes que alquilamos en el almacén devenido en videoclub de José, que más tarde fue una sucursal de venta de tiempos compartidos, luego una librería artística donde hacían fotocopias color, y ahora, quien sabe, un cyber o una tienda de diseño alternativo.

La historia social de la Argentina cabe en la de los emprendimientos de aquel gallego amable que conocía a los vecinos por su nombre y no necesitaba que le indicaran cuanto de queso, ni cuanto de cocido, porque sabía también de memoria sus gustos. La mujer de José, Rosalía, no había perdido el acento y me premiaba con una Tita o una Rhodesia cada vez que yo recitaba "Cultivo una rosa blanca..." sentada en el mostrador. El hijo, que se ocupaba del videoclub, me regaló un póster gigante de Patrick Swayze en El duro que colgó varios años de la puerta de mi cuarto.

Contra el marco de otra puerta, Rhett Butler le entrega su pañuelo a Scarlett y yo no sé si entonces lloraba como ahora, ni si lloro por ellos o por todas esas otras cosas que el viento se llevó.



(Al menos nos quedan la Tita y la Rhodesia.)

viernes, 21 de noviembre de 2008

Retro

En la vereda, en la esquina de Maure y Soldado de la Independencia, hay una silla y una mesa de jardín. En la silla está sentada una mujer de unos 50 años con uno de esos cortes de pelo ingrávidos que suelen llevar las señoras después de cierta edad. En la mesa puso un mantel de un material que parece hule. Arriba, en el centro, hay una olla Essen. A un costado, un cartelito escrito a mano que dice: se aceptan tarjetas de crédito.
Imagino que llegó volando en su silla con todo el set desde otra década y eligió un lugar de la ciudad que aún puede reconocer para instalarse.
O que ella misma es una instalación artística inspirada en la cultura retro. Como tal, quizá sea algo desacertada. A ver, yo me acuerdo de las reuniones en las que las señoras vendían ollas Essen, pero también que eso se hacía en las casas, igual que con los tuppers. Mi mamá una vez se ganó un pelanaranjas precioso en una que organizó la vecina del tercero. Y recuerdo los puestos callejeros donde ofrecían planes de medicina y televisión por cable. Pero lo de las Essen en la calle, la verdat, no.
Quizá encuentre algún nostálgico que le compre alguna. Puede ser una escena interesante. Puede que me instale yo también en esa esquina, sólo para mirar. Aunque a lo mejor hasta me compro una. Después de todo, acepta tarjeta y, además, las ollas Essen son buenísimas.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Little Miss Sunshine

Bah, no sé el resto de los chicos. Capaz algún que otro buen terraquito se lavaba los dientes y se iba a descansar con Grock. En cuanto a mí, más de una noche esperé a mi vieja envuelta en su tapado, arrastrándolo a pesar de los tacos. Cuando entraba, le recitaba todas: "Chu hua hua, chu hua hua, los gladiolos", "Chiribín, chiribín, uuuhhh, uhhhh" y hasta "Soy Rita Turrrdero, la pantera de Mataderos". Con el tapado abierto, me quedaba apenas la bombacha con florcitas y la panza redonda y sin complejos de una chiquita de cinco.

sábado, 25 de octubre de 2008

No soy yo cuando me enojo!

Me tiraba a ver la tele en el cuarto de mis viejos, el uniforme puesto y los pies sobre la almohada. Me acuerdo que me daba una tristeza enorme cuando David Banner se alejaba por la ruta con el bolsito al hombro. La misma camisa leñadora que había roto al transformarse en Hulk, los pantalones alguito pata de elefante y ese inexplicable paso firme en alguien sin rumbo cierto.

Ay de mí: sólo soy yo cuando me deprimo...