Cuando tenía 4 años mi mamá me regaló una tijera de plástico de esas que tenían un lado de cada color y el filo pegado detrás del borde para no lastimar. La mía era naranja y blanca. Es como si pudiera verla en el quiosco de la esquina del colegio, como si volviera a sentir el orgullo de tener mi primera tijerita propia.
A la tarde jugué con mis muñecas a la peluquería. Y cuando se me acabó el pelo de las rubias la emprendí con el mío. La señora que me cuidaba me preguntó varias veces: "Mirinda, ¿qué estás haciendo?".
A la tarde jugué con mis muñecas a la peluquería. Y cuando se me acabó el pelo de las rubias la emprendí con el mío. La señora que me cuidaba me preguntó varias veces: "Mirinda, ¿qué estás haciendo?".
Parece que yo simplemente le contestaba: "Recortando".
En la peluquería de verdad, la de las japonesas de enfrente, se decidieron a raparme tipo varón.
Durante un año fui por la calle teniendo que aclararle a la gente: "Soy nena. ¿No ve que tengo aritos?"
En la peluquería de verdad, la de las japonesas de enfrente, se decidieron a raparme tipo varón.
Durante un año fui por la calle teniendo que aclararle a la gente: "Soy nena. ¿No ve que tengo aritos?"
