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jueves, 12 de marzo de 2009

Alemán para principiantes

Segunda lección. Me preocupa que el grupo que en la primera clase estaba vestido de verde, hoy haya ido de gris. Son una mujer y dos hombres de alrededor de 30. Uno de ellos trajo puesta esta vez una camisa gris y una corbata blanca. El otro había invertido los colores del equipo. Ambas corbatas tenían un tinte de terminación perlada.

Pienso que es posible que todos trabajen en la misma campañía. Pero... ¿qué clase de empresa haría que sus empleados vistiesen con un color predeterminado cada día de la semana?

Estoy ansiosa porque llegue el lunes para ver si:
a) vuelven al verde (lo que probaría la existencia de un código compartido que los obliga a vestirse por colores asignados a cada día de la semana);
b) visten engamados, pero no de verde, ni de gris (de lo que también se desprendería la existencia de un código común, aunque no regido por los días de la semana); o
c) aparecen desengamados, echando por tierra toda posibilidad de análisis.

Ninguna de las opciones resolverá mi intriga. Empiezo a temer que se trate de participantes de algún extraño juego de rol, para el cual sea necesario hablar alemán.

Descubro en mí cierta tendencia a ampararme en soluciones mágicas cada vez que algo escapa definitivamente de mi control.

lunes, 9 de marzo de 2009

Ich heiße Mirinda

Hoy tuve mi primera clase en la Goethe de Corrientes. Imaginaba que los otros aspirantes inspirados por el alemán serían secretarias cincuentonas, y filonazis. No es que haya llegado hasta ahí seducida por mis prejuicios; sí puede que de puro seducida.

Llegué temprano. En el aula había un muchachote que parecía salido de Elephant, vestido de negro, con un mitón de cuero y tachas que no se quitó en ningún momento de la hora y media en que jugamos a hacernos preguntas de perfil en deutsche. Después llegó un señor alto, canoso y cordobés. Una descripción que podría responder al ideal del hombre buenmozo según la tía de mi amiga del alma; pero también a la del hijo de un jerarca refugiado en el bucólico paisaje serrano.

Por lo demás: una niñita con aparatos que creo haber visto antes en versión animada, como la niñera boba del bebé de Los Increibles; la secretaria cincuentona, que declara hablar español, italiano e inglés, si bien es cierto que aún no confirmé su profesión; un hombre de negocios; y mucho freakie y nerd.

Lo que más me llamó la atención fue que varios de mis compañeros tenían camisas y corbatas verdes. Pensé que se trataba de empleados de alguna compañía con uno de esos convenios especiales para su personal de planta. Pensé en verde. Y no sigo. Si hubiera pensado en los cieguitos, quién sabe subida a qué Falcon estaría viajando aún mi paranoia...

sábado, 7 de marzo de 2009

The Green Smile

Me hago la superada, sonrío, y trato de ser tan amable como me enseñaron que se debe en estos casos, mientras veo como lo más importante que tengo en la vida se va con ellos. Me da un abrazo fuerte y hace como que me va a extrañar. Hasta ahí no es más que un sábado cualquiera. Salvo porque, ya en el ascensor, descubro que además de falsa, mi sonrisa es verde: el oprobio tomó forma de acelga entre mis dientes.
Esos boios de Valenti son lo más, eso nadie puede discutirlo. Pero, ¿quién me manda a comerme un tentempié justito antes de bajar, eh?
Me queda la esperanza (verde) de que no me hayan visto. Pero es realmente muy remota. Odio a los vegetales, a los veganos, a los vegetas...
Para cuando llego al séptimo, estoy toda verde, ¡de la bronca!



Eso es lo que se llama "reirse de uno mismo". Juaaaa...verde de la risa estoy....

(!) Otros temas que pudieron haber sido la cortina de este post: Ojalá (Silvio Rodríguez), Color Esperanza (Diego Torres), La muralla verde (Los enanitos idem), Yuyo verde (en versión de Palo Pandolfo), Pulling teeth (Green Day), y... se aceptan sugerencias para esta lista