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miércoles, 18 de marzo de 2009

El azar viste de gris

Alemán. Clase Nº3. Mi desconcierto es total. Los varones han ido de gris. La mujer vestía una remera fucsia con cuello polo. Puede que haya sido despedida de la empresa. Pero también puede que no haya habido empresa ni regla alguna, y que simplemente hayan coincidido al elegir el color de sus atuendos.
Me cuesta, de todos modos, aceptar la casualidad de las coincidencias. Será que algunos humanos (como los de gris) han llegado a alienarse al punto de cumplir tan literalmente la pesadilla aquella de la moda uniformada. O será que una vez más ha obrado la rigurosa determinación del azar.


jueves, 12 de marzo de 2009

Alemán para principiantes

Segunda lección. Me preocupa que el grupo que en la primera clase estaba vestido de verde, hoy haya ido de gris. Son una mujer y dos hombres de alrededor de 30. Uno de ellos trajo puesta esta vez una camisa gris y una corbata blanca. El otro había invertido los colores del equipo. Ambas corbatas tenían un tinte de terminación perlada.

Pienso que es posible que todos trabajen en la misma campañía. Pero... ¿qué clase de empresa haría que sus empleados vistiesen con un color predeterminado cada día de la semana?

Estoy ansiosa porque llegue el lunes para ver si:
a) vuelven al verde (lo que probaría la existencia de un código compartido que los obliga a vestirse por colores asignados a cada día de la semana);
b) visten engamados, pero no de verde, ni de gris (de lo que también se desprendería la existencia de un código común, aunque no regido por los días de la semana); o
c) aparecen desengamados, echando por tierra toda posibilidad de análisis.

Ninguna de las opciones resolverá mi intriga. Empiezo a temer que se trate de participantes de algún extraño juego de rol, para el cual sea necesario hablar alemán.

Descubro en mí cierta tendencia a ampararme en soluciones mágicas cada vez que algo escapa definitivamente de mi control.

lunes, 9 de marzo de 2009

Ich heiße Mirinda

Hoy tuve mi primera clase en la Goethe de Corrientes. Imaginaba que los otros aspirantes inspirados por el alemán serían secretarias cincuentonas, y filonazis. No es que haya llegado hasta ahí seducida por mis prejuicios; sí puede que de puro seducida.

Llegué temprano. En el aula había un muchachote que parecía salido de Elephant, vestido de negro, con un mitón de cuero y tachas que no se quitó en ningún momento de la hora y media en que jugamos a hacernos preguntas de perfil en deutsche. Después llegó un señor alto, canoso y cordobés. Una descripción que podría responder al ideal del hombre buenmozo según la tía de mi amiga del alma; pero también a la del hijo de un jerarca refugiado en el bucólico paisaje serrano.

Por lo demás: una niñita con aparatos que creo haber visto antes en versión animada, como la niñera boba del bebé de Los Increibles; la secretaria cincuentona, que declara hablar español, italiano e inglés, si bien es cierto que aún no confirmé su profesión; un hombre de negocios; y mucho freakie y nerd.

Lo que más me llamó la atención fue que varios de mis compañeros tenían camisas y corbatas verdes. Pensé que se trataba de empleados de alguna compañía con uno de esos convenios especiales para su personal de planta. Pensé en verde. Y no sigo. Si hubiera pensado en los cieguitos, quién sabe subida a qué Falcon estaría viajando aún mi paranoia...