Mostrando entradas con la etiqueta gripe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gripe. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de abril de 2009

martes, 28 de abril de 2009

La gripe feroz y los 3 chanchitos

Como dije, me gusta la cocina. Como lugar, como acción. Hay una parte de instinto, otra de costumbre, otra _no menos importante_ de aprendizaje. Se parece un poco al sexo, es cierto, y ya sé que no soy la primera en asociarlo. "La comida es la madre", dice mi terapeuta, sin ser necesariamente freudiano.

Pero es cierto que en casa cocinar siempre fue un rito compartido en familia. Mi padre era un cocinero creativo (Dios, no había nada que ese hombre no hiciera bien!), que compraba especias en El Gato Negro con la misma pasión con que elegía un buen libro.

Todo esto para contar que tengo en el horno un pechito de cerdo bien adobado, con papas rústicas (no tenía quién me las pelara; como dice Julian Barnes: "Los que valen, cocinan; los que no, friegan"). Cociné pechito porque después de todo soy una mujer comprometida _en todos los sentidos, pero, sobretodo, con la causa, je_. Y con esto quiero dejar en claro que hay que bancar al chancho, loco. Y contagiar con el ejemplo, no como quien contagia una gripe, sino más bien como quien contagia una influenza.

En fin, esto de la fiebre porcina se pone heavy. La palabra pandemia me da un poco pandora, como de una caja que se destapa. Me da... miedo. Dentro de unas horas llegará el cierre de una votación crucial para mi futuro, para mi compromiso. Hasta ahora es 50 y 50, pero quizá la balanza se incline hacia algún lado. Quién puede saberlo. Lo único cierto es que no podremos casarnos vía México.

domingo, 26 de abril de 2009

Margaritas a los chanchos

Ahora parece que lo que nos va a matar son los chanchos. Cansados de tanto azote y tanto bravucón con aires de San Martín (que a cada porcino le llega el suyo), decidieron chillar de una vez por todas. No será una fabula orwelliana, pero tampoco queda tan lejos esta granja donde los primeros en rebelarse fueron los pollos, con sus cerebros pequeñitos y todo.
Porque durante algunos años no hubo nada más amenazador que la gripe aviar. Las potencias del mundo destinaron millones de dólares a los planes de contingencia para frenar la pandemia que, según se pronosticaba entonces, podía terminar con el 30% de la población mundial. Hasta la Argentina tuvo su programa y hubo psicosis cuando se supo que las farmacias porteñas no contaban con el antiviral Tamiflu, usado para tratar los síntomas de la enfermedad.

En fin. Y ahora nos vienen con esto de los puerquitos. Lo que pasa es que al pollo lo disfrazás de ave y por lo menos queda un poco más poético. Con el chancho no hay nada que hacer. No hay nada menos glamoroso que terminar nuestros días a manos de los chanchos. Puede que algo tenga que ver aquello de que "lo que no mata, engorda". Aunque me inclino más por la otra teoría que dice que "la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer".