viernes, 28 de febrero de 2014

Siempre adelante

La única cura para la paranoia es seguir adelante como siempre. Y yo trato. De seguir, de ser como siempre, de tratar aunque sea. La única cura es seguir adelante. Hace rato me obligue a cumplir esa premisa. Al fin de cuentas, todos necesitamos encontrar un modo o acaso (en el mejor de los casos) una razon para seguir. No, claro. No diria que estoy curada. Y no, tampoco sé que es lo que dirian ellos. NO HAY MAYOR COMBUSTIBLE PARA LA PARANOIA QUE LA INCERTIDUMBRE.

viernes, 7 de febrero de 2014

miércoles, 5 de febrero de 2014

Till death do us together

Pasaron siete años. Pero da igual. El dolor es el mismo y el desamparo, para siempre. Quiero refregarme los ojos para que nada empañe la imagen del abrazo. Quiero sentir que dejé de estar sola, porque él me cuida, porque hasta me reta para que deje de llorar. Decía que yo era buena hasta para disfrutar. Ojalá no vea la mierda en la que me convertí sin su palabra, sin esa voz que me enseñaba con amor y ejemplo diario en donde estaba el bien. Lo extraño tanto que sigo esperando: quien sabe una de estas noches ensille un petiso también para mi y podamos por fin volver a cabalgar juntos y lejos, él y yo. Mi viejo, mi amor, mi vida, y este pedido tan desgarrado como  inutil,  hasta que la muerte nos encuentre.

lunes, 11 de marzo de 2013

Perfectos desconocidos

Me río mucho más de lo que no se dice. Y, ahí sí, casi siempre me pongo colorada.
Prefiero no adivinar del todo a las personas. Quizá porque no descarto que el juego que no veo pueda ser pocker de ases; porque lo que quiero es que me ganen.
Adoro la potencialidad de perfección de lo desconocido.

Otra vez, del lado oscuro de la luna

Pensé que si vuelvo a escribir quizá me cure. Se trata de llenar los tiempos muertos con palabras, de pensar en las palabras para no perderme.
Vivir en un laberinto oscuro con descansos luminosos, vaya trampa. Porque hay luz, una se aferra y sigue dando vueltas para encontrarse una y otra vez frente a la propia sombra. Y es una sombra que ni siquiera reconoce, de tanto andar en la oscuridad.

Loneliness

A veces cierro los ojos y me concentro en soñarlo. Ahora que ya no lo espero, ahora que sé que no será su voz al levantar el teléfono, ahora que empieza a costarme recordar como le explotaba la risa en la boca es cuando más lo extraño. Yo pensaba que el tiempo iba a ir cambiando las cosas. Pero, la verdat,  lo único cierto es que ya me acostumbré a su ausencia.

Un dolor resignado no es por eso menos demoledor.


jueves, 3 de febrero de 2011

Girls talk

Estamos las dos sentadas en un café inmaculado, ensaladitas de por medio y brindando con coca. Sabemos lo que vamos a decir antes de empezar a hablar. Es la misma imagen de siempre, de cuando compartíamos el banco y los juegos, en segundo grado; o las fiestas y los chicos, en la secundaria. La misma de los duelos y los logros compartidos.
Hablamos de cosas serias, pero nos interrumpimos para preguntarnos de dónde es la camisa que tenemos puesta. Y nos reímos, y seguimos charlando relajadas de lo que más nos estresa. Y nos hacemos bien y, cuando nos vamos, nos sentimos más contentas, más livianas, más seguras. Y nos elegimos otra vez, como siempre, como sólo pueden hacerlo dos amigas de toda la vida.

lunes, 24 de enero de 2011

Somewhere

"La eternidad es una imagen hecha con sustancias de tiempo", dice Borges. Yo, muy memoriosa, pero mortal al fin, creo en los ciclos y en los instantes definitivos, y voy por la vida buscando señales.
Una vez más, estoy de vuelta. Es puro instinto: en cuanto empiezo a estar cómoda, encuentro cómo complicarme. Y a veces también huyo de las señales. Después de todo, sé que me hice a fuerza de volantazos. La vida no es más controlable sólo por parecerse a veces a un circuito.



(Pego el trailer, pero buscaba en realidat la escena del principio de Somewhere, esa de la Ferrari girando loca, como una llave, en medio del desierto.)

domingo, 4 de julio de 2010

Don't look back in anger

Hace dos meses que ni pasaba por acá. Algunos creen que los blogs han muerto. Yo, por si acaso, despunto el vicio. Ahora que se terminaron yo asumo como propio este lugar, lo que se dice llegar tarde.



(Y bueno, cosas de chicas, a mí me gusta Oasis. Nada fanática eh, ni un disco tengo, y hace mucho que no escucho nada de ellos. Pero me vino el título del hit a la cabeza; yo creo que es muy oportuno.)

martes, 20 de abril de 2010

Mi abuela, la modista

Mi abuela nació en 1918. En sus últimos dos cumpleaños se lo tuve que recordar. La primera vez, insistía en sumarse años. La última, más a tono con los tiempos, se los quitaba. En ambas ocasiones también yo insistí en corregirla. En ambas, terminó por responderme: "Pero nena... si al final, la que los carga soy yo".
Hace años que apenas si recuerda quién fue y, sin embargo, el otro día me dijo que se iba a comer los bombones que le había llevado yo "entre puntada y puntada" y que la fuera a visitar a su pueblo, pero que le avisara con tiempo: "Ando siempre con algún trabajo de costura; entonces, si sé que venís, me apuro para terminarlo antes que llegues".
Hace años que no me llama por mi nombre y eso que durante treinta años jamás dejó de repetirme que yo era lo más importante que tenía. Mi abuela siempre me dijo que yo era linda y buena e importante; "todo mi capital", le decía a la gente cuando hablaba de mí. Aunque yo todavía quiero leer en su mirada el cariño de siempre, sé que es probable que se lo haya olvidado junto con tantas cosas. Por eso es que me resulta tan tierno que tenga en cambio tan presente cada puntada y cada trabajo de costura.
Mi abuela era la modista del pueblo. "Puntada tras puntada" hizo su casa, se ganó la vida. Con buen gusto aprendido de tanto repasar figurines y a fuerza de un sentido común que la obligaba a buscar los mejores cortes para sus clientas. Juró frente a una madre gorda, que cambiaba de medida a cada prueba, que no perdería nunca la elegancia. Aún ahora es una señora bella y distinguida. Simple, porque para lucirse estaban las clientas o, en su defecto, mi madre y yo. Pero simple con esa simpleza que tiene autoridad.
Me da pena no poder contarle que ahora yo también hago algo que tiene que ver con la moda. Me da pena porque me hace pensar que en la vida de una familia nada es porque sí. Que cada una lleva una especie de karma colectivo que emparenta aún más a una generación con la otra. Me da pena porque sé que estaría orgullosa de poder contárselo a la gente, "entre puntada y puntada".