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martes, 20 de abril de 2010

Mi abuela, la modista

Mi abuela nació en 1918. En sus últimos dos cumpleaños se lo tuve que recordar. La primera vez, insistía en sumarse años. La última, más a tono con los tiempos, se los quitaba. En ambas ocasiones también yo insistí en corregirla. En ambas, terminó por responderme: "Pero nena... si al final, la que los carga soy yo".
Hace años que apenas si recuerda quién fue y, sin embargo, el otro día me dijo que se iba a comer los bombones que le había llevado yo "entre puntada y puntada" y que la fuera a visitar a su pueblo, pero que le avisara con tiempo: "Ando siempre con algún trabajo de costura; entonces, si sé que venís, me apuro para terminarlo antes que llegues".
Hace años que no me llama por mi nombre y eso que durante treinta años jamás dejó de repetirme que yo era lo más importante que tenía. Mi abuela siempre me dijo que yo era linda y buena e importante; "todo mi capital", le decía a la gente cuando hablaba de mí. Aunque yo todavía quiero leer en su mirada el cariño de siempre, sé que es probable que se lo haya olvidado junto con tantas cosas. Por eso es que me resulta tan tierno que tenga en cambio tan presente cada puntada y cada trabajo de costura.
Mi abuela era la modista del pueblo. "Puntada tras puntada" hizo su casa, se ganó la vida. Con buen gusto aprendido de tanto repasar figurines y a fuerza de un sentido común que la obligaba a buscar los mejores cortes para sus clientas. Juró frente a una madre gorda, que cambiaba de medida a cada prueba, que no perdería nunca la elegancia. Aún ahora es una señora bella y distinguida. Simple, porque para lucirse estaban las clientas o, en su defecto, mi madre y yo. Pero simple con esa simpleza que tiene autoridad.
Me da pena no poder contarle que ahora yo también hago algo que tiene que ver con la moda. Me da pena porque me hace pensar que en la vida de una familia nada es porque sí. Que cada una lleva una especie de karma colectivo que emparenta aún más a una generación con la otra. Me da pena porque sé que estaría orgullosa de poder contárselo a la gente, "entre puntada y puntada".

miércoles, 22 de julio de 2009

Matémonos vía Switzerland

No es que no haya temas, no hay tiempo. Tuve ganas de escribir por ejemplo sobre la pareja inglesa que se fue a morir a Suiza. Tan románticos, tan dignos, tan razonables, tan prolijos y legales como ese comunicado de sus hijos que todavía me emociona: "Después de 54 felices años juntos, decidieron poner fin a la vida en vez de seguir luchando con serios problemas de salud. Murieron en paz y en circunstancias que ellos eligieron".
Tanto hablamos de planificación familiar...¿no sería esto parte del paquete? Digo, que pudiésemos acostumbrarnos a planear nuestra muerte, que tuviésemos el valor de permitir y permitirnos decidir cuándo y cómo dejar este mundo de la manera que nos alivie más a nosotros y a los que queremos...
En fin. Ya pasó. Estoy pensando en reservar nuestros lugares cuando llegue el momento. Aunque es cierto que, por ahora, la reserva más certera que tengo es para viajar los tres, mi preciosa familia ensamble and me, a otro paraíso, pero terrenal. Partimos mañana a Villa La Angostura. Tengo otro "aunque", pero prefiero dejarlo para otro post, así no me essstrañan tanto, ja.