Mostrando entradas con la etiqueta charly garcía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta charly garcía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Por despegar

Cuando era chiquita íbamos con mamá a esperar a mi viejo a aeroparque y a veces subíamos a la terraza para despedir con la mano el avión cuando se iba. Qué emocionante era entonces imaginarlo ya en vuelo, pensar que pudiera estar mirando hacia abajo y saludando él también.
El día que llegaba papá, mi vieja iba a la peluquería y se hacía de todo, como Manuelita: corte, peinado, reflejos, manos, pies y planchado del derecho y del revés. Después se pintaba, se ponía aquellas botas de cuero marrón abullonadas (eran los 80, of course) y un tapado de piel largo, al mejor estilo Joan Collins en Dinastía. Yo la veía hermosa, y estoy segura de que papá también.
Nosotras nos parábamos cerca del vidrio a esperar hasta que lo veíamos venir. El salía primero a saludarnos y después le pedía permiso al guarda de la puerta para que yo lo acompañara a buscar la valija. Para mí, ese era el mejor momento. Me encantaba esperar con él frente a la cinta, descubrirla antes y avisarle que se acercaba, me encantaba estar ahí ayudando a mi papá, ese señor importante de portafolios y sobretodo azul.
Siempre me gustó la vida los aeropuertos. Me gusta viajar. Lo llevo en la sangre, como papá. Con cuánta felicidad se movió él de un lado a otro mientras lo acompañó el cuerpo. Le gustaba empezar de nuevo a mi viejo. O quizá fuese el desafío de volver a intentar, porque viajar es también eso.
Ahora cuando subo a los aviones enseguida me enfrasco en algún libro (él último fue Cosmética del Enemigo -otra vez Nothomb-, y casualmente transcurre... en un aeropuerto). Nada de saludos. Nada de buscar hacia abajo con la mirada. Entro en otra dimensión, una en la que soy apenas una pasajera que espera que la comida sea rica (porque debo ser de las pocas personas que adoran la comida de avión), que no haya mucha turbulencia, que no quiera conversar mi compañero de asiento. Apenas una pasajera, y en trance.
A velocidad crucero, entonces sí, a veces saludo, pero siempre es hacia arriba.


jueves, 5 de febrero de 2009

No se va a llamar...

La hija de Gastón Pauls no se va a llamar Almendra. Un gesto piadoso considerando que, after all, el apellido de la madre -para mí siempre será la "chancle oscurita"- vendría a ser Cereza. Almendra Cherri, es nombre de producto premium, como para leer en la góndola del súper.
El de Arana y Susini, que ya bautizaron India a su primogénita, podría llamarse...¡Tabaré! Parece que la que les sugirió llamarlo así fue -nada menos- que China Zorrilla, "una especie de gurú" (sic) de esta extraña pareja a la hora de elegir cómo llamar a sus hijos... ¿¿Gurú?? Por favorrr, si era por darle aires orientales, le hubieran puesto Uruguay (o ¿qué tal "Botnia"?) y listo, si total, ahora el registro civil acepta cualquier nombre.
Basta con saber el que eligió Cyrulnik, que le va a poner "Calder", en honor al artista que admira mucho su novio. Ella dice que le quería poner uno más común, pero como Lucas era taaan fanático de ese pintor, cedió. Ahora, Calder era el apellido; así que, o son muy jodidos, o muy nabos...porque también podrían haber elegido Alexander, Alex, Alejandro...
También podrían haberse comprado un cuadro, o un perro, o un hamster. Podrían haber plantado un árbol, podrían haber escrito un libro. Bueno, eso no sé.
Igual, peor está Carla Conte, que dice que su bebe "no se va a llamar Indígena, Indianápolis, Morocho, ni Moctezuma". Pero el apellido del marido es Brutto. O sea, la naturaleza conspira. Una tipa sensata, condicionada por un imponderable. Porque no hay nada que hacer. Aunque le ponga Juan Brutto, nadie podrá evitar que se convierta en blanco de las rimas burlezcas de sus compañeros de colegio.
Salvo, claro, que curse con Calder.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Palito, (chorizo) bombón y Charly

Charly, León, Nito, el Zorrito, Samalea, Aznar, García López y Kabusacki graban en una quinta una que dice "a veces con vivir no alcanza". La escribió anoche. Por suerte, pese a él, aún le queda mucho que decir. Por suerte dice.

Afuera, Palito escribe una carta abierta. Escribe y manda la carta a los diarios y pide disculpas públicas a los músicos por no haberse quedado zapando. Pobre Palito. Puso la quinta, la cama para Charly, el estudio, los amigos, y hasta el asado, que ya está listo. Pero igual no lo dejan tocar; igual él sale y ellos siguen, ni se dieron cuenta que se fue y ahora les tiene que avisar por carta.

Ojalá sea el anticipo de una gira. Ortega, García y estrellas invitadas. Puede que musicalmente no sea algo para recordar. Pero el show -qué duda cabe- sería imperdible.


“Seis cosas hay en la vida: salud, dinero y amor, sexo, droga y rocanrol. El que tenga una de esas que me escriba o que me hable. Por favor. Gracias. Y hasta luego, señorita.” (C. G., junio 2006)

sábado, 25 de octubre de 2008

Demoliendo hoteles

Entró la policía al vestuario con palos, cascos, escudos. Uno me dice: ‘Somos la policía’. Y yo le contesté: ‘¿Y quién te mandó a no estudiar?’

Así habló el ídolo:

  • La vanguardia es así.
  • Lo que pasa es que yo hago el gol y no vale porque estoy en offside. Siempre estoy un paso más adelante que los demás.
  • Bajate de acá, tarado, no te das cuenta que vos sos público.
  • Yo soy lo más y todo lo demás no existe.
  • Yo no llegué tarde, ellos llegaron temprano.